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Carta de Lectores

Opinión

Mismo pecado: soberbia; igual resultado: decepción

03|06|18 11:42 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello  


La rapidez del cambio en el escenario político argentino es la clara demostración de la inestabilidad anímica y conceptual de las que hacemos gala los propios habitantes del país.

Esta opinión no es el fruto de una pretendida autocrítica, intelectualoide y moralista, para una falsa interpretación desde una óptica de superioridad sobre alguien o algo. Será más bien una mirada interrogante sobre el espejo real que produce nuestras propias conductas desde todos los sectores de la vida nacional, ante los acontecimientos negativos, provenientes de cualquiera de esos sectores y que cuando los resultados son malos o negativos, nunca aceptamos colectivamente la parte de culpa que nos corresponde, buscando responsabilidades a las acciones de otros. 

Los argentinos, salvo excepciones, que siempre las hay, nunca alcanzamos en los últimos 70 años a construir un país orgánico, porque no fuimos capaces de afianzar propuestas de un futuro común y que por lo tanto no se dio


La política, que es la que arbitra las diferentes secuencias de la vida comunitaria y social, es la productora de los acontecimientos que se suceden: malos, buenos o regulares, en la dinámica integral de la sociedad. Por la importancia de ser el factor que contiene el poder de decisión todo gira desde y hasta ella, nada resulta independiente o ajeno. 

La educación, la cultura, la economía, la religión, el deporte, la salud, la vida pública y privada. Los estamentos que conforman la familia, las reacciones humanas y sus diferentes componentes sociales, individuales o colectivos. 

Todos, de alguna manera, se vinculan, se unen o diferencian, con sus variados contenidos y conductas, con los resultados que proyecte y conduzca la acción política, no sólo la partidaria, que en definitiva no es más que una herramienta, si no la que provoca acciones y resultados sobre la actividad de los seres humanos que conforman la sociedad. Hay una frase en el lenguaje político argentino muy popular: “Esta película ya la vi”. 

Se utiliza cuando el lenguaje común y sarcástico nuestro se refiere a los gobernantes de turno, cuando comienzan, con sus acciones y decisiones, a decepcionar por lo negativo. Tengo más años, muchos para algunos, de diferencia de quienes me conceden el honor de leer lo que escribo. 

Les aseguro que desde el primer gobierno de Perón hasta el actual de Mauricio Macri, democráticos o militares, ninguno se pudo evadir del mal humor y la áspera crítica que provocaban, cada uno en su época, en los argentinos disconformes con sus respectivas gestiones. 

¿Y el futuro? 
Los argentinos, salvo excepciones, que siempre las hay, nunca alcanzamos en los últimos 70 años a construir un país orgánico, porque no fuimos capaces de afianzar propuestas de un futuro común y que por lo tanto no se dio. Nos pasamos “hablando del futuro” y muchas veces no sabemos dónde vamos a transcurrir nuestras próximas vacaciones, puede ser exagerada la comparación, pero está dentro del contexto de la Argentina actual. 

El presidente no es lo que la gente recibe por lo que le prometieron cuando votó. El pasado no debe seguir ofreciendo alternativas cuyos resultados no quiere volver a soportar


Tenemos el ejemplo maravilloso y real en la Argentina que nos brindaron nuestros antecesores, abuelos y bisabuelos, que vinieron de todas partes del mundo a nuestro país, para buscar un futuro no tenían nada más que la férrea voluntad del trabajo y la convicción de sus honestas conductas, junto a la decisión de lograrlo. No ahorraron sacrificios y jamás se quejaron, eso les bastó para vencer. 

Construyeron su futuro con él, el futuro argentino que nos legaron y que solamente si hubiéramos sido capaces de continuar su ejemplo, hoy tendríamos otro país, la Argentina evolucionada que ellos supieron fundar y nosotros “deberíamos” demostrar que pretendemos conservar. 

Generalmente reitero que la política es un juego, cambiante y siempre peligroso, para quienes participan en su escenario y eso no es criticable, siempre que las reglas contengan el ejercicio de la democracia, no hay que dramatizar más de lo que corresponde, sólo participar al que le gusta y los demás observar, escuchar y “saber elegir”.

El oficialismo y la oposición juegan sus posibilidades presentes y futuras y serán los responsables de sus destinos. El oficialismo mantiene su irreductible posición con referencia al desarrollo de sus planes económicos y decisiones de cómo implementarlo. Sus acciones y estrategias, son de conocimiento público al igual que los resultados, que cada uno analiza según sus criterios. 

Cambiemos puede adoptar en su estrategia criticar a la oposición por las posiciones en la implementación de las tarifas. Pero en política se deben producir hechos, que paralelamente a sus críticas al peronismo, debe mostrar a este sector, que tiene ordenada su propia tropa. En el afán de convencer con su política de necesario ajuste suele lanzar “globos de ensayo”. 

Vuelta a las retenciones, con fuerte opinión negativa de su ministro del área en contraposición al súper ministro Dujovne, que no la descartó. Paralelamente “otro globo” sobre la venta del predio de La Rural para presionar sobre las críticas del campo. Radicales enojados y denunciando la cartelización de la venta del cemento, tres empresas que afectan la obra pública. 

En el afán de convencer con su política de necesario ajuste suele lanzar “globos de ensayo”. Vuelta a las retenciones, con fuerte opinión negativa de su ministro del área en contraposición a Dujovne, que no la descartó


Dura crítica de la Iglesia en el último Tedeum por la pobreza y enfrentamiento duro por el tema del aborto, tema en vigencia con auspicio del poder Ejecutivo. Otro sector radical que no quiere más fotos “de socios mudos” y sí participación en las decisiones políticas próximas. 

El dirigente Angel Rozas señalando “con esto que hacen no se preocupen con ninguna estrategia de reelección, no existe”. 15% de impuesto al biodiesel – 10% a otros rubros. Déficit comercial de 18.370 millones. Carrió, Melconian, Buryaile, Redrado que no ayudan. El señor presidente solicita permanentemente diálogo, pero no acepta ninguna propuesta que pretenda cuestionar sus decisiones. 

Existe un aumento en las apariciones del señor presidente en alocuciones públicas, defendiendo sus políticas, al o que tiene pleno derecho y no está mal. Pero el tono y los argumentos para hacerlo no esgrimen solidez ni explicaciones que serían necesarios para convencer a una opinión pública, en este momento, muy crítica de los resultados y muy sensible a esos resultados sociales del ajuste. 

También se van enfriando las críticas a la herencia del pasado, el tiempo suele ser cruel y realista y la mayoría de la población piensa, con lógica humana, lo que ocurre aquí y ahora y cómo influye en el futuro. El ingeniero Macri cumplió con su promesa, vetó el proyecto sancionado en el senado, desestimando los resultados del costo político que esto provoque.

Es perfectamente válido de acuerdo a sus atribuciones constitucionales, el futuro responderá los resultados de esta decisión.  

Oposición 
El enfrentamiento a la política tarifaria oficial encontró a la oposición en unidad de decisión. Todo el peronismo, incluido el Frente para la Victoria, rechaza también en forma unánime la incorporación al FMI, lo habíamos adelantado en otras notas. 

Consideran que el macrismo va a recibir más apriete de ajuste, que estiman por autoinvestigaciones, será de 200.000 millones de pesos que deban ahorrarse en el presupuesto de gastos. Y que esto redundará en menos giros de fondos a las provincias. 

Ya ronda un pedido de los gobernadores peronistas, que la ciudad capital y la provincia de Buenos Aires se hagan cargo íntegramente del pago de servicios, cuyos subsidios pagan todos, pero los reciben solamente los porteños y los bonaerenses. El peronismo demostró en el senado la vieja teoría “de cuando los gatos se pelean, se siguen reproduciendo”. 

Salvo los Urtubey, ya fuera de toda consideración política futura dentro del movimiento. Jugó con la misma camiseta. Hasta Carlos Menem concurrió a las dos de la mañana, acompañado de Zulemita, para votar y acompañar a su amigo Pichetto, devolución de gentilezas al presidente del bloque.

Cristina que había firmado el proyecto, defendió al mismo como propio, pese haber sido elaborado por las otras vertientes del peronismo, no es poca cosa en una señora ex presidenta, que sólo se escuchaba a sí misma, frente al espejo, mientras gobernó. 

Cristina adopta una estrategia diferente a la usual en ella y le surtió efecto con la nerviosidad presidencial, en la poco feliz frase de sus “contagios de locura suyas” al resto del peronismo. Que obligó al “peronismo dialoguista” a contestarle al presidente de manera no amable. También aprovechó la oportunidad de Río Gallegos para recordarle, con propiedad, a la señora vicepresidenta Michetti, que ella se había manifestado en contra del “aumento de tarifas” cuando era oposición a su gobierno. 

La oposición está convencida, en todos los sectores peronistas que la integran, que el anunciado “cambio de gabinete no existe; es un simulacro con una estrategia cortoplacista, que intenta disimular la carencia de propuestas, que contengan el justificado mal humor social por el ajuste. En la política no hay estrategias grises, hay luz y sombra. En que acierta se queda con la luz y el que erra, se sumerge en las sombras. 

Momento de cambiar 
Observando con la mejor objetividad posible no le será fácil al Gobierno transitar sin demostrar que es capaz de implementar una gestión coherente, que no logra hasta el presente. 

Tampoco a la oposición le alcanza con criticar los errores que el Gobierno comete, lo que está dentro de la actividad política legítima. Pero si pretende suplantarlo, tendrá que ser muy clara y específica en un plan creíble que abandone los muchos y lamentables errores de un pasado nada fácil de defender. 

El presidente no es lo que la gente recibe por lo que le prometieron cuando votó. El pasado no debe seguir ofreciendo alternativas cuyos resultados no quiere volver a soportar. El escepticismo y la desesperanza no son buenos aliados para lograr soluciones realistas. Si no se concluye en un pacto político, por encima de los períodos de Gobierno, no se encontrarán las posibilidades ciertas de solución. 

La política argentina en su desenvolvimiento, no parece ofrecer lo que la democracia espera. Adolece de un mismo pecado: la soberbia y un igual resultado, la decepción. Tal vez, si quiere sobrevivir, es el momento de cambiar.