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Opinión

Pobreza y clase media comprometidas

Economía y política complicadas

06|05|18 11:55 hs.

Escribe Esteban Ernesto Marranghello


Existe en la política una obligación indelegable. Cuando las soluciones integrales son difíciles, la defensa es la búsqueda del equilibro posible. En la Argentina esto parece no tener la prioridad que merece. El Gobierno no muestra manejar con solidez las soluciones que prometió, con medidas económicas que apuntalen con realidad, el reclamo de una difícil sociedad argentina, con imperativos reclamos de aquí y ahora. 

Una economía complicada, con pobreza estructural incrementada, o al menos, sin disminución comprobable. Inflación que no se detiene, valor del dólar que asciende de manera preocupante, en una idiosincrasia nacional que mucho juzga ese valor como termómetro de la situación nacional.

Una dura política tarifaria que actualmente ha sobrepasado la imaginación de la sociedad, para convertirse en una verdadera pesadilla para el poder adquisitivo, especialmente, como no podía ser de otra manera, en los bolsillos de las clases populares, y su llegada como amenaza a la calidad de vida de la clase media. 

El tema tarifas está afectando de manera incuestionable la vida de todos los sectores dinámicos del país: urbanos, del campo, productivos, comerciales y comunitarios. Mal que le pese al Gobierno, el desenvolvimiento de la vida argentina, no pasa en la actualidad por una situación económica y social, que no le afecte los nervios y su visión de futuro. 

No debe desconocerse que los argentinos tenemos una propensión al “tremendismo” en todos los episodios que nos afectan, para bien o para mal, pero ha llegado el momento de que la política atienda los reclamos y comience a estudiar en serio, no a improvisar, todos, las mejores soluciones posibles y atendiendo las situaciones reales de la sociedad. 

Ha llegado el momento de que la política atienda los reclamos y comience a estudiar en serio, no a improvisar, las mejores soluciones posibles


Basta de que “todo tiempo pasado fue mejor”=peronismo= o que “vamos camino al paraíso” con Cambiemos. No produce el Gobierno los argumentos para justificar la política tarifaria intentando convencer a una opinión pública que la sufre mal, y la rechaza, por las consecuencias como ésta influye en su calidad de vida. 

La “mesa chica” del presidente, cada vez más acotada, no acepta los avisos y reclamos políticos de muchos de sus aliados y lo que preocupa, son importantes integrantes del propio riñón de Cambiemos. El jefe de gabinete, no es un cargo fácil, debería cuidar más su lenguaje y sus argumentos para beneficio del Gobierno en su conjunto cuando sale a defender cosas indefendibles, con argumentos sin consistencia lógica. 

El entorno presidencial parece encerrarse a veces en hermética soberbia, que desestima opiniones realistas de integrantes legítimos del armado macrista. Lamentablemente para Cambiemos también ingresó la “grieta”. Una figura con exitosa gestión política en un lugar clave para el Ejecutivo, Emilio Monzó, presidente de la Cámara de Diputados, decidió irse o lo fueron. 

Este hombre logró resultados parlamentarios para el oficialismo, con la aprobación de proyectos fundamentales para la marcha del mismo. Monzó es una personalidad políticas respetada y reconocida por todos los bloques parlamentarios, Macri no tiene otro igual, pero Durán Barba lo desestimó. 

Frigerio, ministro del Interior, el gran armador y responsable del diálogo con los gobernadores y del éxito nacional con los acuerdos. Excluido de la “mesa chica” –mejor que no se canse- porque para reeplazarlo van a tener que llamar a una licitación, fuera del oficialismo. Federico Pinedo, increíblemente “marginado”, con sola presencia senatorial, otro mucho más respetado por la oposición que cualquier integrante de la “mesita”. 

La señora Carrió, que saludó al presidente con la “venia militar” en el Congreso, lo que posteriormente, no le impidió criticar impiadosamente los aumentos tarifarios y a su autor. Cuando las cosas se pusieron feas corrió a la casa de Gobierno a saludar a Aranguren y decirle a Macri que todo está bien. Parece entender la señora que “el mejor soldado, es aquel que no se hace matar, para servir en otra guerra”. 

El señor presidente puede ser obstinado y hasta soberbio en sus decisiones, derecho personal sin objeciones, pero no es ingenuo. Ningún ingenuo llega a presidente. No desconoce la actual realidad de las estadísticas sobre la pérdida de apoyo y confianza en su gestión. Hablando de estadísticas, existe una última efectuada en todo el territorio nacional por la consultora de Hugo Aime, que arrojó algún resultado imprevisto. 

Según la encuestadora, por primera vez desde que Cambiemos es gobierno, Cristina Kirchner ha movido el amperímetro a su favor, registrando un aumento de cinco por ciento sobre su imagen. Cuarenta y cinco por ciento en La Matanza y en la geografía del Conurbano profundo, a su favor también aumentó en sectores del NOA y del NEA y en las provincias patagónicas. Esto parecía imposible de acontecer hasta no hace mucho tiempo, no es un dato menos. 

El ingeniero Macri decidió abrir el abanico y realizar consultas con economistas fuera de su círculo y de su partido. Esto es una decisión inteligente, porque puede ampliarle el panorama de la realidad nacional con una óptica diferente a la oficial. El decidirá, como corresponde, lo que acepto o lo que no. 

Periodísticamente se mencionó entre los consultados a Domingo Cavallo, cosa obviamente negada por el Gobierno, posteriormente por el economista. La verdad que la sola mención del doctor Cavallo cerca de la casa de Gobierno, le puso la carne de “gallina” a muchos argentinos. No pocos economistas aconsejan al presidente que evite desgaste político personal designando un ministro de Economía que asuma la conducción integral del área y las consiguientes responsabilidades de los resultados. 

Una declaración del jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires provocó sorpresa, no por lo que dijo, que es previsible, sino por la oportunidad en que lo dice. Señaló el funcionario con crudeza y conocimiento, por la importancia de su cargo, el comisario mayor Perrone, que existía un nuevo delito en la geografía bonaerense, “gente que roba por hambre”. 

No sé qué pensará de esto la gobernadora Vidal y su ministro de Seguridad Ritondo. Con las tarifas por su importancia económica y social se ha producido un disparador que arrastra consigo frustraciones y desencuentros políticos, que lo potencian, ubicándolo en el centro de la escena, que acapara el interés y posicionamiento de todos los sectores de la población por su implicancia en la vida de la gente. 

El Gobierno juega sus cartas para convences legisladores y goberandores de no aprobar el proyecto de la oposición peronistas, que parece tener el acompañamiento de la población. Se presenta una situación similar políticamente a la de la reforma previsional. El Gobierno sabe y los gobernadores también, que el primero no puede imponer a los segundos qué impuestos, tasas o contribuciones pueden cobrar. 

No miremos para atrás, ni para adelante, mirémonos en el espejo y es posible que encontremos la respuesta


Esto no existe en las atribuciones del Estado nacional. Insiste en que las provincias y los municipios retiren las tasas que gravan los servicios públicos. La respuesta de la mayoría de los intendentes fue no. En las provincias de Buenos Aires y Córdoba, decidieron quitar las tasas, los respectivos gobernadores, Vidal y Schiaretti, una con mucha plata por el Fondo del Conurbano y el otro por convenio de devolución de fondos previsionales. 

Ningún Ejecutivo opositor acepta la directiva nacional. Esta vez la oposición encontró en el tema tarifas, el argumento que llevó al peronismo a una adelantada unidad –alguna vez sugerimos en notas anteriores que era un riesgo político para el macrismo por desconocimiento del accionar justicialista, apostar a la pelea interna, sin atender los reclamos sociales-. 

La realidad vuelve a demostrar, que el peronismo en su conjunto, con accionar común, no iba a desaprovechar la oportunidad favorable de arrinconar al Gobierno, con un tema, donde pueden transitar juntos, con razón, frente a una situación que considera popularmente irrebatible en vastos sectores de la sociedad. 

Recuperaron la memoria del golpe, “todos unidos triunfaremos”. Varios proyectos, cada uno con su impronta, pero todos acompañaban la estrategia final. Desde el delirante del Frente para la Victoria, de retrotraer las tarifas al 2016, hasta los más sobrios y consensuables del Frente Renovador, del sector de Bossio y del Peronismo Federal de los gobernadores. 

Eligieron uno unificado con tarifas retrotraídas al último noviembre, no quita municipal de las tasas comunales, rebaja del 50 por ciento del IVA a las tarifas y los aumentos no deben superar la inflación. Cambiemos quería que provincias y municipios pagaran parte de los aumentos, pero que no le toquen la recaudación del IVA. 

Como diría algún vago del barrio “a papá con bananas verdes”. Mandaron el misil kirchnerista para asustar y el verdadero resultará benigno. Lo único que faltó fue la “marcha”. Ahora viene lo que debe discutirse con seriedad, sin intransigencia oficial o demagogia opositora, dentro de las posibilidades, encontrar el “equilibrio posible”. 

Queda la instancia democrática de una negociación lógica, a la que entiendo ninguno se va a oponer y de la que puede resultar una posición media que evite el veto y demuestre que macristas y peronistas, merecen sentarse en las bancas que ocupan. 

No debemos olvidar con respecto a este tema tarifario que la instancia judicial y que podría influir directamente si sigue el curso de amparo y apelación aceptada por varios jueces, es decir el tercer poder de la Nación, no se lo puede ignorar. A medida que transcurre en su accionar, la política se desarrolla en un clima que aparece como enrarecido. 

No es tan así, la política rige las decisiones de quien gobierna y quien debe controlar, por eso se la denomina “como el arte de lo posible”. 

No hay que asustarse, sí preocuparse para no volver a cometer los errores y tratar de subsanar lo malo de decisiones anteriores. Es el juego de la democracia, incompleta, errática, a veces cierta y a veces mentirosa, con actos de grandeza y otros pusilánimes y corruptos, pero aceptemos que la democracia sólo es un sistema, mejor o peor, de acuerdo a quien la ejerce y a los argentinos nos falta, tal vez, darle el valor que debe tener, con nuestras conductas individuales o colectivas. 

Somos lo que somos y es lo que hay. No miremos para atrás, ni para adelante, mirémonos en el espejo y es posible que encontremos la respuesta. 

Lo que nosotros no hagamos o defendamos no lo tendremos o lo que es más grave, podemos perderlo. 


Esteban Ernesto Marranghello