115 años junto a cada tresarroyense

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Nubes dispersas

Interés General

Por Juana Ofir Gerónimo

La amanecida

06|01|18 18:41 hs.

La bruma se despeja lentamente dando lugar a los rayos del sol que acarician las aguas del mar. El océano se presenta con la policromía de colores y el día promete, muy temprano, la tibieza de la primavera.


A lo lejos, donde el mar se atreve a lamer la tierra, formando una bahía, se recorta la figura erguida y elegante de un hombre que mira con fijeza una barca, una de las tantas que se alinean en el lugar, meciéndose suavemente.

Para Remo Angelini el momento es especial, ha logrado, a sus veinte años, cumplir el sueño que lo acompañó desde niño, ser propietario de una embarcación para convertirse, como su padre, un inmigrante italiano, en pescador y hacer de ello su medio de vida.

Ama el mar profundamente desde que a los ocho años, Don Luiggi lo subió, por primera vez a una barcaza.

Así se fue templando para soportar borrascas, tempestades, así como para disfrutar de las bonanzas y las riquezas que el mar ofrece abiertamente.

Abstraído de sus pensamientos no reparó en un vehículo que circulaba por la playa, solo reaccionó cuando un objeto cayó a sus pies y la música y las risas de varios jóvenes se hizo más potente. Levantó lo que resultó ser una plateada y vistosa sandalia. -¿Una broma? - ¿Un descuido?

Cuando oyó decir: ¿Me la devuelve, por favor?

Al escuchar el pedido se acercó al jeep para entregarla, pero quedó mudo, estático frente a una figura grácil, casi etérea, de cabellos muy claros y ojos enormes del color del mar con todos sus tonos.

Una sonrisa y un gracias fue todo de parte de la joven, que ese día cumplía dieciocho años.

El jeep se alejó para tomar un camino aledaño. Aunque no debía llamarle la atención, pues era habitual que los fines de semana recorrieran la ribera, después del boliche o alguna fiesta, alegres grupos de jóvenes que llegaban de Costa Bonita, un balneario muy cercano.

Ese lugar había acrecentado su popularidad gracias a los turistas que descubrieron un sitio ideal para el descanso y el disfrute.

Ya contaba con todos los servicios básicos y día a día se incorporaban oficinas, negocios, empresas, atención para la salud y educación y como decía Don Luiggi: "Para pueblo es grande, para ciudad es chico", pero iba progresando rápidamente.

Esa madrugada los viejos lobos de mar se acercaban para emprender el trabajo diario. Allí en el "Rincón de los Pescadores", como lo llamaban, se trabajaba todos los días.

Remo aún conservaba en su mente el recuerdo del encuentro y la visión de esos grandes ojos color del mar, pero tenía que volver a la realidad.

El lunes debía concurrir a la Cooperativa "Pescadores Unidos" para darle el alta a la barca y cumplir con todas las leyes que se requerían para botarla. Don Luiggi, actual presidente, era muy estricto, entre ello exigía el nombre de la misma para el caso de un accidente, y siempre se había inclinado por nombres italianos o recuerdos de lugares de Italia. Pero su hijo pensaba en otras posibilidades hasta que el hecho reciente lo iluminó para llamarla "La Amanecida".

Cuando comentó lo sucedido a El Rubio y a Nicolás, sus amigos y ayudantes estos le dijeron que tal vez esos chicos fueran los holandesitos que se habían radicado en Costa Bonita.

Remo vivía en El Rincón, pero un día fue al balneario a realizar unos trámites y al cruzar una calle le llamó la atención un negocio de atiborradas vidrieras de confituras. Recordó que se acercaba el cumpleaños de Doña Asunta, su mamá, que reconocía que era muy golosa, y entró, pero su sorpresa fue desmesurada cuando la joven de los "ojos color del mar" apareció para atenderlo.

Salió del negocio cargado de paquetes, pero sin darse cuenta qué había comprado o que había conversado. Totalmente anonadado.

El letrero de "Delicias de Holanda" brillaba con sus luces de colores y con la ostentación propia del país.

Poco a poco Remo se fue animando y volvió al lugar para invitar a la joven a un café, un paseo por la plaza, un atardecer junto al mar.

Así se fue tejiendo el noviazgo, luego el casamiento, bendecido en Costa Bonita, y el regreso a El Rincón para recibir el cariño y la alegría de todos sus amigos pescadores, entrelazando los cantos y bailes italianos y los holandeses.

Instalaron su sencillo hogar junto a los compañeros trabajadores de "El Rincón". Beatriche como la llamaba Remo concurría algunos días a ayudar en el negocio de sus padres, lo hacía cuando el océano, siempre imprevisible, retardaba la vuelta de su esposo. 

Así comenzaron a transitar los caminos de la vida con todos sus avatares, alegrías, tristezas, pérdidas de seres queridos, momentos calmos, momentos difíciles.

Por dos veces vislumbraron un futuro colmado de risas, de mimos, de juegos...pero no pudo ser...

El dolor los unió más y siguieron adelante. 

Así pasaron los días, los meses, los años, nada hacía presagiar lo que vendría. Todo comienza. Todo termina. 

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Un regalo para mi abuelita

Juana Gerónimo hoy cumple años, fue el regalo de Reyes que recibió su familia cuando nació, esta vez el presente se lo quiere dar su nieta Magali Díaz que escribió un acróstico para ella.

La joven que hoy sopla 83 velitas es docente jubilada, vive en el mismo barrio hace 65 años, ama su profesión y a su familia, no puede parar de escribir sobre tantos temas como la imaginación le proponga. Desde acrósticos hasta poesías y cuentos, todos escritos maravillosos que cuentan una historia...

Su fiel seguidora deja en estas páginas del diario que tanto quiere algo de lo que aprendió de ella y a partir de su nombre cuanta cómo es su abuelita Juana.

Juvenil en su esencia y en su alma
Una madre, una abuela, una amiga, una maestra 
Amante del mate, la buena compañía y soñar por las noches
Novelera, apasionada por el saber y por la escritura 
A quien admiro, amo...y hoy le deseo un muy feliz cumpleaños!

                   Tu nieta, Magalí