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la chacra

Pautas para obtener alimento de calidad

27|12|17 11:12 hs.

Elegido por el alto valor proteico, el heno de alfalfa es uno de los recursos más utilizados para la alimentación del ganado en la Argentina y su correcta confección asegura un producto de alta calidad. 


Con el objetivo de garantizar su potencial nutricional, técnicos del INTA, junto con la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF), la Universidad Nacional de Villa María, asesores privados y empresas del sector, realizaron un documento que resume en diez puntos las buenas prácticas para su elaboración.

"El henolaje de alfalfa, erróneamente denominado silo de alfalfa, es un método de conservación química que consiste en cortar el forraje, orearlo hasta alcanzar un porcentaje de materia seca de entre un 45% y 55% y embolsarlo o empaquetarlo", señaló Federico Sánchez, especialista en forrajes conservados del INTA Manfredi, quien agregó: "Este proceso permite que se genere una fermentación láctica para su correcta conservación".

Diferentes técnicas 
A lo largo de los años, las técnicas para la confección del henolaje incluyeron distintos sistemas, maquinarias y prácticas. En la actualidad, el guardado de la alfalfa cortada en bolsas plásticas facilita que el proceso fermentativo se desarrolle en condiciones adecuadas.

"Si bien se trata de una práctica habitual en los establecimientos ganaderos, muchas veces recibimos consultas sobre momento de corte, contenido de humedad recomendado para el guardado, tamaño del picado y tipo de embolsado, por ejemplo", detalló Sánchez. En este sentido, Gastón Urrets Zavalía, especialista de la misma unidad del INTA, destacó que "el momento de corte es clave a la hora de obtener calidad en el henolaje". 

"Debe realizarse cuando se encuentra en botón floral para lograr la mejor combinación entre cantidad y calidad de materia seca digestible", aclaró. El contenido de humedad que posee el material al momento del picado o enrollado determina el correcto almacenamiento de la alfalfa. 

"En el momento óptimo de corte, la planta en pie tiene un porcentaje de humedad que varía entre 82 y 76, por lo cual es imprescindible orear previamente la pastura antes de picarla o enrollarla", dijo Urrets Zavalía. Asimismo, sugirió que los cabezales de corte directo no resultan apropiados para confeccionar henolajes de alfalfa.

"Sólo deben utilizarse cuando el porcentaje de materia seca sea mayor a 32 y menor a 40, como en los casos de los cereales de invierno en estado de madurez avanzado y de algunos cultivos de verano como maíz y sorgo", especificó Urrets Zavalía.

En tanto, el tamaño del picado constituye otro punto para tener en cuenta. "Además de priorizar la uniformidad de la fibra, recomendamos que las medidas ronden los 15 milímetros", expresó el técnico, quien añadió: "Esto busca lograr una mayor facilidad de compactación al momento de embolsarlo". 

Por su parte, Sánchez recomendó extremar los cuidados para recolectar el material sin contaminarlo con tierra. "Apuntamos a que se utilicen segadoras equipadas con desplazadores de andana y rastrillos de tipo giroscópicos, debido a que permiten generar andanas de gran volumen y evitar la incorporación de tierra dentro de la bolsa o rollo", indicó. 

Para garantizar la calidad del alimento que luego será transformado en carne y leche, el técnico advirtió que "es obligatorio usar inoculantes aprobados por Senasa, identificados con marbete y que incluyan prospecto y recomendaciones de uso". 

En este sentido, remarcó la importancia de llevar a cabo la inoculación del henolaje de alfalfa a partir de la incorporación de bacterias específicas que faciliten la fermentación. "Presenta bajo contenido de azúcares y capacidad buffer, dos aspectos que pueden condicionar la fermentación láctica", amplió Sánchez.