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Carta de Lectores

Por Juan Francisco Risso

La Santa Madre Iglesia es mujer

23|12|17 21:32 hs.

El alma de las mujeres. Que no siempre la tuvieron, entiéndase. Estaba yo ilustrándome sobre esa temática, con la mirada puesta en el monitor de mi vieja Olivetti. 


Y al correr de las páginas y sitios meditaba: la sabiduría residió primero en los ancianos, que gozaban de consideración en su comunidad. Más que ahora, por cierto. De sus bocas desdentadas, de los ademanes de sus manos sarmentosas, surgía el saber ¿quién sabía en qué época hay que sembrar? ¿quién conocía la época de las lluvias? 

Luego, supongo, anidó en los libros, que -de Gutemberg para acá- fueron tornándose accesibles, aunque no fueran objeto del deseo, precisamente. Hoy -para bien o para mal- la sabiduría reside en Internet, el reino de los Carlitos, que dan sus opiniones sobre esto y aquello, discuten y se enfrentan en enconadas disputas sin ton ni son. 

Pero estaba yo -decía- ilustrándome sobre el Concilio de Macon -año 585-, sobre el resultado de la votación y sobre el sínodo de no sé donde, sorprendiéndome con las opiniones de los doctores de la Santa Madre Iglesia, en una labor que, ciertamente, me dignificaba ante los ojos de mi familia y ante los míos propios: el alma de las mujeres, nada menos. Hasta el perro me observaba atento, quizá sorprendido por la gravedad de mi expresión ante el monitor. Es fascinante que, tras una votación, las mujeres llegaran a tener un alma. Y fue pareja. Aquellos que consideraban a la mujer como un saco de vicios (sic) ofrecieron resistencia. En eso me hallaba. Pero de buenas intenciones está empedrado el camino del Infierno. 

En efecto, el propio autor -de natural culto y piadoso- venía consignando meticulosos datos históricos, y remató su trabajo con un simpático diálogo entre un médico madrileño y su paciente, pero sesgando la severa línea de su discurso. Aclara que el paciente resulta ser un hombre de unos 50 años, natural de Galicia. Están en el consultorio del galeno, que pregunta: ¿Alimentación? "Normal", responde el paciente. ¿Qué es normal para usted? Tres comidas al día, con poca grasa. Muy bien, aprueba el médico. ¿Ejercicio? "Normal" responde el paciente. ¿Y qué es normal para usted? Juego al fútbol dos veces por semana, y ando en bicicleta. Muy bien, aprueba el galeno. ¿Sexo? "Normal", contesta el paciente. ¿Y qué es normal para usted? Bueno... una o dos veces por mes. Eso no es tan normal, responde el médico. Para un hombre de su edad, lo normal sería una o dos veces por semana. "Para usted que es médico en Madrid eso será normal", responde el paciente. "Pero para mí, que soy sacerdote en Galicia, una o dos veces al mes está bien". 

Ningún libro sobre la historia de la santa iglesia católica mecharía esos chistecitos en el capítulo del Concilio de Macon. Y así naufragó la ocasión de darme un baño de respeto. Culpo a Internet. Y bien que lo necesitaba; de hecho advierto que mi familia no confía en mí. El propio perro, echado, hizo una suerte de suspiro y apoyando la cabeza en sus patas delanteras cerró los ojos, resignado. 

Esto me recuerda que también me había prometido indagar sobre el celibato. Pero se me aparece la cara de Luisito Farinello diciendo "No... yo soy muy débil, hermano". Además, y por un resto de buen gusto, dejo a un lado al "padre" Grassi. De modo que... indagariola. Dejo en paz al celibato. El quórum y los números de la votación les dieron, la votación fue limpia y las mujeres tuvieron un alma, y buenas fiestas. Para todos.

Y todas. 

Por Juan Francisco Risso