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Carta de Lectores

Psicología

Empatía

10|12|17 11:26 hs.

Por Claudia Torres (*) 


"No te puedo ver así... No quiero que sufras"..." Estoy feliz al verte progresar en tu trabajo"... "Que dolor... "Que golpe te diste". Estos son simples ejemplos de algunas situaciones cotidianas que podemos vivir y nos están hablando de que tan empáticos somos. 

Ahora bien, intentaré hacer un pequeño recorrido para saber de qué hablamos cuando hablamos de empatía. 

La inteligencia emocional es el sistema en el que se engloban todas las habilidades relacionadas con la comunicación entre el individuo y los sentimientos, ya sean propios o ajenos. 

 Está compuesta por cinco destrezas: autoconciencia (comprender el origen de los sentimientos), control emocional (aprender a canalizar positivamente las emociones), motivación (encontrar razones para la superación y tener la capacidad de motivar a otros), manejo de las relaciones (relacionarse sanamente, respetando a los otros y haciéndose respetar) y la empatía, que es la quinta habilidad, y es la que nos permite percibir los sentimientos de los otros y hacer que se sientan menos solos. 

 No es un don, no es algo innato, no nacemos con esta capacidad, todos podemos desarrollarla si lo deseamos, basta con abrir la mente e intentar captar la vida del otro desde su perspectiva y no desde nuestros ojos. Podríamos definirla como la capacidad para poder sentir o comprender los sentimientos de la otra persona con la que nos comunicamos. 

Esta habilidad social es imprescindible para que no existan malentendidos, para interpretar el lenguaje corporal y para que su mensaje nos llegue con claridad. La empatía se da en todas las personas en mayor o menor grado. No se trata de algo especial que tenemos unos pocos al nacer, sino de algo que podemos ir desarrollando con el paso de los años. Esta compuesta de dos elementos: uno cognitivo y otro emocional. 

El componente cognitivo se vincula con la capacidad de comprender y entender cómo piensa otra persona; y el emocional es poder captar el estado emocional de otro individuo y las reacciones que lo provocan. Es aquí cuando me surgen algunas preguntas. 

¿Qué tendría que tener en cuenta para lograr ser más empático? ¿Es posible, a mi edad, desarrollar esta capacidad? Sin dudas que se puede, quizás si en la comunicación con los otros, tenemos en cuenta no distraernos (con el uso de los celulares, por ejemplo) intentar no juzgar a los demás (para que la comunicación no se cierre) si logramos no infravalorar lo que nos están diciendo ("no te preocupes que eso no es nada...") no contraargumentar, es indispensable dejar que el otro se exprese con libertad ("eso no es nada, no sabes lo que me paso a mí..."), no interrumpir, no contar nuestra historia y colocarnos en un lugar protagonista. 

Hay que desconectarse de nuestra problemática, ser empático significa centrar nuestra atención en el otro, dejarnos llevar por sus palabras y sentimientos, apagando nuestra habla interna, y enfocando nuestros sentidos en el que tenemos en frente. 

Esta capacidad empieza a desarrollarse en la infancia. Los padres y el entorno familiar son los que cubren las necesidades afectivas de los hijos y los que les enseñan, no sólo a expresar los propios sentimientos, sino también a descubrir y comprender los de los demás. 

Pero si los padres no saben mostrar esos sentimientos y comprenderlos, sus hijos no aprenderán a expresar emociones propias y por tanto, no sabrán interpretar y sentir las ajenas, con lo que la labor de los padres, aunque inconsciente la mayor parte del tiempo, es muy importante. 

Aquí se ve la importancia de una buena comunicación emocional y afectiva en la familia. La capacidad para la empatía se desarrollará más fácilmente en aquellas personas que han vivido en un ambiente en el que han sido aceptadas y comprendidas, han recibido consuelo cuando lloraban y tenían miedo, han visto como se vivía la preocupación por los demás... 

En definitiva, cuando las necesidades afectivas y emocionales han sido cubiertas desde los primeros años de vida. ¿De que nos sirve un cerebro brillante y un elevado cociente intelectual si no entendemos de empatía, si no tenemos la capacidad de leer emociones propias y ajenas, si no tenemos un conocimiento de lo que nos pasa interiormente y que nos ayude, en cierta medida, a aprender a conectar, a gestionar el miedo, a ser asertivos..? 

 Por lo tanto, queda bastante claro que el éxito laboral y personal no pasa exclusivamente por sacar buenas notas en matemáticas, castellano o en ciencias en el colegio, sino también por cultivar nuestra inteligencia emocional, identificarnos con los otros, comprender y si es necesario ayudar en situaciones que los demás lo requieran.

 "Las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista". Mahatma Gandhi 


(*) Lic. Claudia Eugenia Torres 
M.P.:40256 
Lic.claudiatorres@outlook.com 
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