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Despejado

Carta de Lectores

Escribe Marcela Granero

Perdón hijos, perdón papá, disculpame abuelo

12|11|17 19:50 hs.

El siguiente texto fue extraído, sin modificar, del muro de Facebook de Marcela Granero, una vecina de nuestra ciudad:


Perdon Hijos, perdón Papá, discúlpame abuelo, por no poder defenderlos.

Ya van varias veces que escribo sobre el tema, y hoy tengo un nudo que me ahoga y nuevamente siento la necesidad de sacar lo que siento. Mis raíces vienen del campo, mi sangre, mis sentimientos. El abuelo fue un laburante, se ganó lo que hizo a fuerza de laburo, de madrugadas a la intemperie, bajo la helada, el frío , la lluvia. Y él nos dejó un legado que por otras razones no pudimos defender, pero fueron suficientes 30 años viviendo en el campo para entender ese legado.

Para muchos el campo es sinónimo de bienestar, de holgura. Y me prometo cada día que las palabras de ignorantes del tema no me hieran. Pienso, yo también peco de ignorante en algunos otros temas que desconozco, pero igualmente opino, entonces Marcela, pensá que esta gente hiere por desconocimiento


Y cada vez que se nombra a "los del campo" con el mismo nombre, cada vez que unifican valores para referirse de los chacareros usando adjetivos como “oligarcas”, o “mafia del campo”, no puedo dejar de recordar lo que laburó mi abuelo, mi viejo, mi hermano, hijos y familia. Con qué gusto hacíamos lo que nos habían enseñado nuestros ancestros. Recuerdo a cada uno de los vecinos solidarizándose con el otro para ganar al tiempo, a las roturas de las maquinarias. Se vienen a la mente tantos apellidos con historia campestre, y todos laburantes. En muchos casos aún siguen sus hijos, nietos cuidando esas tierras con amor, con trabajo porque el campo es tu nido, tu cuna, es el lugar donde naciste . 

El campo no sabe de edad, ahí se trabaja desde los seis años, cada uno en lo que le da el cuerpo


Hay quien dice, ¿y si es tanto sacrificio, porque no hacen otra cosa? No hacen otra cosa porque por lo general el campo trae historia, historia de familia, esa historia que alimenta el alma. Porque por lo general el campo se hereda de generación en generación y porque es un trabajo que se aprende con los primeros pasos de vida. Jugando, acompañando a tu abuelo, tu viejo, vas aprendiendo a querer la tierra, vas aprendiendo a distinguir los pájaros. Desde muy corta edad, y siempre como en un juego subís a un caballo para arrear la hacienda. Con siete, ocho años sabés que entrada la tarde tenés que ir a buscar la lechera y encerrarla para el ordeñe. Desde muy temprana edad acompañas el crecimiento del trigo. Mirás la tierra, mirás el cielo que acompañe todo el siclo y vas atrás del carro cuando la cosechadora levanta lo producido. 


Fotos que acompañan la publicación original


El campo te enseña de clima, te enseña a leer las tormentas. Te amiga con la luna y el sol. 

El campo te enseña a rezar, cuando tenés las espigas en planta y vienen esas nubes blancas como algodón y vos sabés que traen piedra. Cuantas veces corrimos desesperados bajo la piedra para hacer la cruz de sal en el esquinero de la casa para que pare la piedra, para que no se lleve todo lo trabajado en el año. Cuantas veces pedimos a Dios, no nos dejes con las manos vacías. Y Dios no siempre escucha a los del campo. Bastan 10 o 15 minutos para que una tormenta se adueñe de lo tuyo dejándote sin palabras. 

Y para muchos el campo es sinónimo de bienestar, de holgura. Y me prometo cada día que las palabras de ignorantes del tema no me hieran. Pienso, yo también peco de ignorante en algunos otros temas que desconozco, pero igualmente opino, entonces Marcela, pensá que esta gente hiere por desconocimiento. Pero, ¿saben una cosa? No puedo, me duele igual. Siento que están insultando a mi abuelo, a mi viejo, a mis hijos. Cada adjetivo “destructivo” para con los del campo, veo a mi abuelo con su sombrero de paja, con 38 grados de calor, con una palangana llena de agua en plena cosecha por si se venía el fuego. 


Fotos que acompañan la publicación original


El campo no sabe de edad, ahí se trabaja desde los seis años, cada uno en lo que le da el cuerpo. Me llena de orgullo hablar con gente que se crió en el campo, porque tienen los mismos valores. Ahí no importa si tenés 100 o 3000 hectáreas, igual sos vecino, sos amigo, te das una mano. Perdón hijos por no encontrar la palabra exacta para defenderlos cuando con algunos con su voz ensucian al campo. Perdón papi, perdón abuelo.

 El campo te enseña de clima, te enseña a leer las tormentas. Te amiga con la luna y el sol. 


Yo daría a esa gente que critica el campo unos cuantos millones , les daría 5 años y les diría "traeme el vuelto, y más también". Y digo 5 años porque quizás si les doy uno justo enganchen esos años completos y los confunda más, creyendo que el campo es soplar y hacer botellas. Les doy 5 con todo el plus del campo, te mando sequía, te mando piedra, agrego inundaciones. Que se te pinchen algunas gomas del tractor, que se rompa cada 120 hectáreas alguna correa de las máquinas. Te hago subir el precio de la soja cuando estaba todo dado para el trigo y te hago valer el maíz cuando apostaste a la soja. 

SOLO LE PIDO A DIOS QUE LA IGNORANCIA DE LO DESCONOCIDO NOS CIERRE LA BOCA Y NO NOS HAGA SER PORTADORES DE OPINIÓN.