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Desde la Redacción

Crónicas de la calle

La violencia social nace de la irresponsabilidad

08|10|17 01:37 hs.

Por Ernesto Martinchuk

Vivimos un tiempo en el cual se puede hacer y decir cualquier cosa. No importa nada. Todo vale. La rebeldía social superó todos los límites que no supieron, no quisieron, o lo previeron ciertos responsables.

En nuestra sociedad se ha producido una desintegración de los ideales que daban cohesión al grupo social. Esto significa que se ha perdido el sentido de la libertad, ya que no se piensa en el otro. La marginación, la pobreza, y los casos de corrupción que cada día nos sorprenden, parecen situaciones propias de libretos novelescos.

Todo esto forma parte de una coacción que provoca dos efectos: el de identificarse con el sistema y obrar en consecuencia, es decir hacerse aliado de las mismas normas de marginación, injusticia y corrupción, o la rebelión contra esas normas.

Cuando uno piensa que hay instituciones, supone que hay un respaldo de poder legal respecto de la leyes, que existe a quién recurrir. Pero, resulta que en nuestra situación, muchas veces no hay instancias a las que recurrir.

Y por otra parte, la situación se agrava con el carácter pasional de las reacciones colectivas, porque en determinado momento, cuando se desencadena una rebeldía o una reacción colectiva, hay poco margen para la reflexión.

Por eso, es necesario prever la instancia de extrema agresión colectiva, porque después es difícil sacar la Biblia en el garito. Cuando se está en medio de la batalla, no se puede predicar.

Los “chicos”, -en realidad jóvenes que a partir de los 16 años ya pueden votar y elegir presidente- se identifican con ciertos liderazgos y después, si ese liderazgo va fomentando la violencia, temen no ser violentos. No debe escapar a nuestro conocimiento que la integración a un grupo se produce de forma coactiva y compulsiva.

La evolución de las sociedades modernas puede medirse por el valor que en cada una de ellas tiene la vida. Y en la nuestra, después de los sucesos que vivimos en la década del 70, como también la violencia vivida en las últimas semanas, dan la sensación de que la vida y el otro valen muy poco. Se ha perdido el respeto, a las instituciones, a los docentes, y a los padres, todos tienen miedo a poner límites y así estamos.

En el corto plazo, sería urgente que las instituciones responsables, tomasen conciencia de la gravedad de lo que está ocurriendo, para empezar a modificar la naturaleza de la institución social, que funciona de una de una manera totalmente descontrolada. Es necesario que se denuncie la irresponsabilidad del liderazgo político y otros “liderazgos” que enseñan a la gente a ser irresponsable, a que todo vale, que cualquier cosa se puede hacer y decir… sin consecuencias.