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Desde la Redacción

Tras las PASO

Tijeretazo al autoritarismo

16|08|17 19:56 hs.

Comenzó para el oficialismo el duro proceso de asumir la peor derrota de su historia. Ocurre en tiempos en los que el vecinalismo está cada vez más alejado de los principios que lo fundaron, y que le valió la adhesión ciudadana con el voto. Si por algo se distinguió el discurso que le dio origen fue por separarse de los partidos políticos tradicionales, sobre todo de sus prácticas, en las que terminó cayendo tentado por el poder. 


Aquella postura fue más firme en tiempos del "que se vayan todos". La intendencia estaba a cargo del ingeniero Carlos Aprile que cumplió con la palabra de administrar únicamente por dos períodos a la comuna tresarroyense. Algo que quien lo sucedió no respetó. Carlos Sánchez lleva el cuarto mandato, y el primero de ellos sin la elástica chequera del gobierno de Néstor o Cristina Kirchner, al que adhirió sólo por el interés de contar con los fondos para obras que garantizaran una permanencia en el sillón de Camet. Eso sí, haciendo campaña cada dos años pidiéndole al electorado que corte la boleta de las plataformas provinciales y nacionales para evitar la impugnación del voto. Aspecto en el que han hecho "docencia" repartiendo tijeras en cada campaña. Y lo hicieron tan bien que el ciudadano estuvo preparado al momento de decidir no cortar más. 

Con Cambiemos en las administraciones nacional y provincial, el gobierno municipal comenzó a ver muy pronto sus limitaciones. Lo que antes absorbía la gestión del diputado kirchnerista Carlos "Cuto" Moreno, ahora queda en manos de funcionarios locales. Sobre todo del intendente Sánchez y su jefe de Gabinete, Hugo Fernández. 

La operatividad de la actual gestión de gobierno municipal se comprueba con la obra de bacheo. Sí. Después de tanta obra millonaria que se ha ejecutado en nuestra ciudad parece mentira que tapar los pozos de las calles de manera efectiva se haya transformado en una misión imposible. Y en una carrera de obstáculos para los conductores de la ciudad. Los que festejan la impericia oficial son los mecánicos... No es menor el obvio detalle de generar movimientos de obra -siempre- cerca de los períodos electorales. La gente ya percibe ese comportamiento político como meramente especulativo, con el fin de ganar votos. 

Por eso, es bueno advertir que la población le dio una lección a la clase política en general con su voto del último domingo. Por ejemplo, localmente condena el mal uso de los fondos públicos, como el de Financiamiento Educativo, que se descuide la salud pública, que no haya transparencia en la rendición de los gastos que insume la Fiesta Provincial del Trigo, que convierta en enemigos a los que piensan distinto, que genere nuevas estructuras municipales con más cargos y se haya superpoblado al Estado, comprometiendo además sus números de la administración central a futuro. Lo saben por ejemplo Natalia Grisolia, el Consorcio Pavimentador, el techo del ex colegio nacional y las familias destratadas por las políticas sociales. 

Esta fórmula dejó al gobierno municipal con un muy bajo grado de aceptación que no llega al 20%. De cada 10 vecinos de Tres Arroyos, más de ocho desaprueban la gestión. Así quedó visto en la "encuesta" de las PASO, y a poco más de dos meses de las elecciones legislativas que podrían quitarle la mayoría automática al Gobierno que además tendrá que poner en suspenso nuevos nombramientos que se tienen previstos para después del 10 de diciembre, como el probable paso de Héctor Asef al área de Comunicación Institucional. 

Con funcionarios públicos que promedian y hasta superan los 20 años en la gestión pública, la democracia en Tres Arroyos reclama alternancia en la administración. Algo difícil de imaginar para un municipio conducido por un doble comando, acentuado desde el inicio de la presente gestión. Incluso así es visto por sus propios funcionarios que ahora se miran entre sí para ver por dónde se corta el hilo.