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Amores imposibles

     
07.02.2016 Por Andrés Mazzitelli

Cuando uno se pone a pensar en "Los puentes de Madison" (The Bridges of Madison County-Novela de Robert James Waller, 1992- película de Clint Eastwood,1995), es difícil olvidar la terrible escena en que Francesca (Meryl Strepp) se aferra a la abrazadera de la puerta de la camioneta de su marido, a punto de correr a los brazos de John, el fotógrafo (Eastwood). Quizá gran parte del efecto devastador en los espectadores radica en que todos esperan que la historia de amor culmine como corresponde: con los enamorados entrelazados besándose bajo la lluvia. Pero esto no ocurre, y la desazón se abate sobre la platea, que recordará largo tiempo la secuencia y el sabor amargo que le provocó. Dese cuenta: Usted estaba viendo sin saberlo una película de amores imposibles. Si quería final feliz, hubiera puesto Disney Channel. Los amores más recordados son casi siempre los que peor han terminado. Eso se sabe con creces desde tiempos de William Shakespeare. ¿O acaso alguien se acordaría de él si Julieta hubiera envejecido feliz al lado de su Romeo? A propósito, es muy probable que el fatal desenlace de su obra haya encontrado inspiración en otro legendario amor imposible: el de Cleopatra y Marco Antonio (Y bueno, si usted quiere, imaginemos a estos personajes históricos con los rostros de Elisabeth Taylor y Richard Burton, que además de encarnar para el cine a la egipcia y al romano, también vivieron por décadas otro incendiario y tortuoso amor i demposible, pero IMPOSIBLE así, con mayúsculas.

¿Ve lo que le decía? Cuando uno se pone a hablar de este tipo de amores se desata una reacción en cadena, un efecto dominó. Y es que, diablos, el amor será lo más maravilloso del mundo, pero cuando llega a contramano más bien se parece a una maldición.

 

Imposible romano-egipcio

En el caso de Cleopatra y Marco Antonio, la cosa venía mal barajada de movida: se conocieron y en 4 días se enamoraron (el mismo lapso en el que se cristaliza el amor de Francesca y John en "Los puentes de Madison"). Intercambiaron favores: ella le dio ayuda económica a cambio de que él la librase de su hermana Arsinoe IV, que al parecer era una amenaza para Cleopatra. Obviamente, él la ejecutó y se ganó un invierno conviviendo con la bella reina. Pero Roma lo reclamaba, así que tuvo que regresar, no sin antes embarazar a Cleopatra de gemelos.

Se casó con Octavia, a quién le había prometido matrimonio antes de viajar a Egipto. No volvió a ver a Cleopatra hasta 4 años más tarde. Cuando lo hizo, también se casó con ella. Lo que vino después fue intriga y guerra. Bastará decir que engañado por un falso informe sobre la muerte de Cleopatra, Marco Antonio se suicidó dejándose caer sobre su propia espada. He aquí la semejanza con "Romeo y Julieta".

 

Burton-Taylor

Richard Burton conoció a Elizabeth Taylor en la filmación de "Cleopatra" (1963). Exactamente como los personajes que encarnaban, se enamoraron estando ambos casados. Fue de tal magnitud el escándalo que hasta el Vaticano condenó el romance. Pero ellos siguieron adelante. El primer matrimonio entre Taylor y Burton duró casi 10 años, entre 1964 y 1974. Entonces se divorciaron. 16 meses después del divorcio, Burton y Taylor insistieron y se volvieron a casar en 1975, aunque en esa ocasión la pareja sólo duró hasta julio del año siguiente. Hasta la muerte de Burton (en 1984) se lo seguía vinculando a ella (que murió en 2011).

 

Clásico musical imposible

¿Y qué decir Beethoven y su amada inmortal? Después de la muerte del atormentado músico en 1827, mientras buscaban entre sus papeles el testamento definitivo, salió a la luz una carta escrita por el compositor la mañana de un 6 de julio de un año desconocido. La carta, escrita en lápiz apenas legible, comenzaba así:

"Mi ángel, mi todo, mi mismo yo ... solo unas pocas palabras hoy...".

Y terminaba diciendo:

"Amor ... mi todo ... adiós ...oh, continua amándome ... nunca juzgues mal el más fiel corazón de tu amado. Siempre tuyo, siempre mía, siempre nuestro".

Usted sabrá disculparme, pero no leí el resto de la carta por dos razones: la primera es que no soy quien para andar leyendo cartas de amores imposibles de otros, faltaba más. Y la segunda, y tal vez más importante, es que la carta tiene 10 carillas repletas del más encendido y apasionado amor. Imposible, por cierto. Al amor de Beethoven me refiero, porque a pesar de toda esa pasión murió solterón. Y de la misteriosa amada no trascendió jamás ni su nombre ni la circunstancia que generó semejante misiva.

 

Tócala de nuevo, Sam

Miremos de nuevo "Casablanca", de Michael Curtiz (1941). Una deslumbrante Ingrid Bergman se mete en la piel de Elsa para tener en ascuas a todo el mundo. Creyó muerto a su marido, el galante Víctor Lazlo, un impoluto héroe de la resistencia polaca. Por eso, ahogó sus penas de flamante viuda encendiendo un volcánico romance con Rick (Humprey Bogart), un aventurero yanqui duro y cínico, pero de buen corazón, que conoce en la París preinvasión alemana. Cuando Lazlo resucita, ella planta a Rick en la estación de trenes y como Dios manda: con una nota y bajo la lluvia. Rick, sin entender nada, parte a Noráfrica con su leal pianista, Sam, a quien jamás dirá en todo el libreto esa línea que el mundo entero jura haber escuchado: "Tócala de nuevo, Sam". Rick quedará destrozado, en parte porque no es lo mismo emigrar con el lustroso moreno que con la esbelta nórdica. Se volverán a encontrar en el casino de Rick en Casablanca, y todos nos preguntaremos ¿Quién subirá al avión al final? ¿Con quién se quedará Elsa? Es claro que ama a Rick, pero ahora que volvió su heroico marido? ¡Qué dilema! Bogart y Bergman son los protagonistas, así que el amor triunfará. Pero es complicado, especialmente para los guionistas, los hermanos Epstein. Si no está bien que se suba al avión y lo deje a Rick, tampoco está bien que se quede con Rick y rechace al honorable Lazlo... ¿Qué es lo que está bien, entonces? El afiche lo explica todo. Ingrid y Humprey en primer plano, juntando sus mejillas. No hay señales de Lazlo ni del general nazi. Mucho menos de Sam. La verdad oculta entre líneas es que el verdadero gran amor es el de la portada de la película. Una vez más, el espectador asistió a un duelo que conoce bien: el deseo enfrentado al deber. Y se impondrá el deber. Bergman hará lo políticamente correcto subiendo al avión con su esposo y Bogart tendrá que conformarse con el capitán Renaud, el corrupto y divertido prefecto francés que caminará con él hasta perderse en el último plano de la película. Ahí tiene otro legendario amor imposible. Me refiero al de Elsa con Rick. (El de Rick y Renaud no se sabe, porque no se ve más)

Y sí, le conté el final. No se queje ni espere que me disculpe. Tuvo desde 1942 para verla.

 

The End

Sea como sea, el más grande de los amores imposibles es el que le toca vivir a cada uno, más tarde o más temprano, como protagonista o como espectador.

Y todas las certezas no son sino palabras escritas en la arena, y vueltas a escribir una y otra vez con la esperanza de que por fin permanezcan.

El amor que deba ser, será.

Y encuentra en el pajar el alfiler.