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Tres Arroyos vie 18 de Agosto de 2017

  

Un médico

     
2017-07-30 Escribe Stella Maris Gil

Los seres humanos son pasajeros de la vida y pocos superan el olvido, después de su partida.

Así reflexioné cuando leí en el Hospital Pirovano, sobre una de las paredes de la entrada a la Sala de Pediatría y Maternidad, una placa que dice: "El pueblo de Tres Arroyos a los dos primeros pediatras del Hospital Pirovano Dr. Emilio García Oste y Dr. Enrique Manuel Tellmann. 21 de enero de 1999".

Me dije: es bueno traer a la memoria a ambos. En esta oportunidad me referiré a Tellmann, puesto que lo conocí a través de la asistencia que tuvo con uno de mis hijos, cuyo nacimiento prematuro, demandó muchas atenciones.

Tellmann logró que iniciara su camino de crecimiento. Recuerdo que llegaba por las tardes a casa, era verano, e iba directamente al jardín para observar al niño, guiar a sus padres, recomendar mucho sol en sus bracitos. A veces lo acompañaba uno de sus hijos, a la sazón estudiante de medicina. Por supuesto sus visitas no eran pagas, no hacía de su profesión un comercio.

Un día el bebé tuvo que ser internado y el doctor, con su modestia habitual lo derivó al doctor Rubén Landivar, otro sabio que anduvo por éstos lugares. Ambos lograron la cura cuando parecía imposible y generaron tranquilidad  a sus padres y calma a las angustias de esa madre ansiosa, como la apodó el doctor "Peto" Byrne, quien completó tiempo después la tríada de médicos valiosos que acompañaron la infancia de mis hijos.

La internación se hizo en el Centro de Higiene Materno Infantil del que fue director Tellmann. La citada institución dependiente de la  Provincia de Buenos Aires, fue inaugurada en nuestra ciudad el día 4 de agosto de 1951.

Desarrollaba sus actividades en un edificio instalado en las calles Lamadrid y Domingo Vazquez y constaba de tres consultorios, sala de rayos X, laboratorio, cuatro salas para internadas, sala de operaciones, sala de partos, comedor, cocina y lavadero.

"Al frente... (Álbum de la ciudad de Tres Arroyos. 75°Aniversario)... se halla el prestigioso doctor Enrique Manuel Tellman a quien secundan especialistas de ginecología, pediatría, odontología así como personal idóneo... . En la última epidemia de parálisis infantil, fue éste centro el lugar de control y vacunación a todos los niños y niñas de nuestra ciudad y la zona... vacuna del doctor Salk...".

El país había sufrido una cruel epidemia de poliomielitis en los inicios del año 1956 que pudo ser superada en abril de ese año, aunque volvió a resurgir, pero en menor escala, hasta los años 60.

Fue como consecuencia de esa epidemia que se instaló ALPI en Tres Arroyos en 1956, siendo Tellmann uno de sus fundadores junto con Elvira Falcione y muchos más vecinos.

El Centro Materno Infantil en 1976 se trasladó al Hospital y el edificio pasó a ser la Escuela 501. Ambas instituciones contribuyeron y contribuyen al bienestar de los chicos de la región. Antes, médicos y enfermeras recorrían presurosos sus galerías asistiendo a los enfermos. Hoy son los maestros y técnicos quienes caminan las mismas baldosas. Ese edificio, a pesar del deterioro del tiempo, ensambla el alivio de los dolores físicos de antaño con la docencia amorosa de hoy.

El doctor Carlos Zacarías Tubía, cuando ingresó como médico asistente al Centro en 1961, conoció a Tellmann cuando era director y lo continuó también en el mismo cargo, por concurso, en 1973 luego de que aquel se jubiló. Dice de él: "una persona que sin ser muy comunicativa era muy agradable y excelente ser humano y como médico, más todavía. Atendía a todo el mundo en forma desinteresada. Me acuerdo que recibía a todos los pacientes enseguida, de acuerdo a sus urgencias, aparte de darle tanto cariño a todos los chicos. Sé que ha atendido a hijos de familiares míos y ellos recuerdan muy bien su atención que era magnífica. No era muy conversador, era parco".

Entre quienes lo ayudaban en su trabajo estaba Susana Chuburu, "eficaz administradora" al decir de Tubía. También lo acompañaban el doctor y docente Miguel Angel Gabaldo, bioquímico, y Jorge Mario Pérez, Zidoní Flores, entre otros.

Su hijo Juan Pablo acota: "Iba todos los días, atendía a la mañana y en otros horarios porque ahí también internaban a enfermos o recién nacidos, sábados, domingos también si era necesario. Le gustaba ir a ese lugar".

 

¿Quién era el doctor?

Había nacido en Ayacucho, pero su primera infancia la pasó en Alemania, puesto que su padre fue enviado a ese país por la empresa donde trabajaba. Allí la familia se vio obligada a extender su estadía debido a la Primera Guerra Mundial que obligó a que lo transitorio del viaje se transformara en cinco años de permanencia. Su tono de voz dejaba entrever rasgos de su residencia en Alemania. "Incluso hablaba con acento alemán y le patinaba la r"(Testimonio de su hijo Juan Pablo).

Sin embargo, en el hogar que construyó se hablaba pura y exclusivamente el idioma de su tierra natal.

Eran profundas sus raíces argentinas, esa tierra que recorría buscando restos de los pueblos originarios que luego entregaba al museo scout, donde compartía momentos con Medina Zambelli.

Una vez recibido de médico en la Universidad de La Plata y terminada la especialización de Pediatría, se instaló en Tres Arroyos por sugerencia de su tío y padrino Manuel Vogelius, gerente del Molino Río de la Plata.

Fue médico, de día, noche y madrugada. Eran épocas de pocas calles asfaltadas, con mucho barro de lluvias y galochas para transitarlas. - "Qué hacés, papá, levantado a estas horas... hace frío y llueve", decía el hijo mayor al regreso de alguna fiesta.

Tuvo tiempo para la política con su visión socialista. Apostó a llevar sus ideas al plano partidario y se permitió ser candidato. Su nombre se vio en las carteleras de propaganda de las elecciones del 23 de febrero de 1958 donde ocupó el tercer lugar en la lista de concejales que postulaba la fórmula presidencial Alfredo Palacios y Carlos Sanchez Viamonte. No logró acceder a ningún cargo, pero siguió nutriéndose de libros y acciones que aportaban a su ideario. Aquella frase de Juan B. Justo "quien menos impone su persona, más impone sus ideas", aún resuena en sus descendientes.

"No era autoritario. Yo creo que por eso lo quisimos tanto. Para mí era un ejemplo por la forma de ser de él. Yo iba al secundario, pero no fui rebelde con él, al contrario, era orgulloso de cómo era mi padre... nada me fue impuesto" (testimonio citado).

Tenía amigos del alma como Mincho Massigoge "de la misma edad que él. Mi papá iba todos los días a su casa en la calle Sarmiento al 300, una cuadra antes de la nuestra, luego nos mudamos a la calle Falucho... se trataban de usted".

En el Sanatorio Policlínico fue contemporáneo entre otros de Podlesker, Movich, Soldavini (de Cascallares), Mancini, Madueño (de De la Garma), Cieza...

 

El consultorio

Aparte del Centro Materno Infantil, del Hospital y del Sanatorio Policlínico, muchas de sus horas transcurrían en el consultorio, que finalmente instaló en su casa de la calle Falucho.

En el mismo lugar atiende hoy día uno de sus dos hijos. Hay mucha presencia simbólica. No hay perchero para colgar su delantal pues no lo usaba en su consultorio particular, quería presentarse ante los chicos como un hombre cotidiano, para no generarles aprensiones. En una de las paredes tenía un empapelado con dibujos infantiles. Está la misma camilla, el mismo escritorio. La posición de éste es singular "no está el paciente enfrente, está al costado. Cuando yo cursé Medicina Interna, el profesor titular de esa cátedra había sido ayudante de cátedra, cuando estudiaba mi papá -recuerda su hijo-. En las primeras clases, una de las recomendaciones que dio fue esa, que el paciente no se sintiera frente al médico, no enfrentados, sino al costado".

La biblioteca instalada en la habitación al lado del consultorio podría ser el gozo de cualquier bibliófilo, allí están las lecturas que lo acompañaron en sus descansos: Lisandro de la Torre, textos en alemán que leía y hablaba perfectamente, los clásicos universales: Cervantes, Shakespeare, Proust, Stefan Zweig, ediciones antiguas de Dostoievsky, Nicolás Repetto; la Biblia (en alemán), Unamuno , etc, etc. Se nutría de la historia argentina y de la mundial que le permitía conocer mejor su país, como también la filatelia, meticuloso hobby que lo llevaba por los vericuetos de la geografía mundial. En los anaqueles está la colección de fascículos encuadernados de la Historia de la Música y cuidadosamente guardados, están sus discos.

Amaba la música clásica. Uno de sus esparcimientos era escuchar a los grandes compositores. Imagino que lo habrán acompañado hasta que la enfermedad lo devoró y falleció en 1976.

Lo dejamos con sus lecturas, con sus insomnios ante algún chico grave, con su cigarrillo, uno tras de otro hasta que lo venció en la muerte. Una cura, un alivio, simplemente un médico.