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Tres Arroyos sab 22 de Julio de 2017

   CRÓNICAS DE LA CALLE

El barrio de San Telmo

     
08.07.2017 Escribe Ernesto Martinchuk

Recorrer las viejas parroquias de Buenos Aires vinculadas al recuerdo de los días de la colonia, las luchas de la independencia, la época de Rosas…pisar las mismas calles donde se produjeron los enfrentamientos con el enemigo, los ajustes de cuenta, la llegada de la musa inspiradora... Monserrat, Concepción, Santa Lucía, Balvanera, San Telmo y otras que han ido perdiendo con los tiempos su noble y hermoso perfil aldeano. Quizás sea San Telmo (San Pedro González Telmo) la más antigua, ya que se tendía desde las cercanías del Fuerte, hoy Casa Rosada, hasta mucho más allá del templo que lleva su nombre ilustrísimo, . Todavía conserva rincones pintorescos, vastas casonas y pequeñas moradas silenciosas; calles estrechas y retorcidas, callejuelas huidizas; algunos balcones con macetas donde se desmayan amorosas enredaderas; boliches con antiguos letreros curtidos por la larga intemperie.

 

Alrededor de la bella iglesia de estilo seudobizantino que se levanta en la calle Humberto Primo, entre Balcarce y Defensa, se agita un barrio de densa población, modesta y laboriosa. En verdad sólo algunos aspectos del barrio, particularmente en los alrededores de las calles que parten de las típicas esquinas de Chile y Balcarce e Independencia y Paseo Colón, recuerdan un tiempo lejano, escenario de las defensas heroicas protagonizadas por hombres, mujeres y niños durante las invasiones inglesas.

Por la mañana y al atardecer llegan hasta la iglesia las risas y los gritos de los niños que juegan y todos se parecen por sus uniformes blancos. Felizmente la Plaza Dorrego sigue siendo asilo de árboles y pájaros, que los fines de semana se mimetizan con los turistas que miran artesanías, antigüedades o se dejan llevar por el sonido de un bandoneón para bailar un tango.

En lo que queda del viejo San Telmo, hay casas que se mantienen de pie porque están “sostenidas por los compadritos muertos”, como diría Borges, y en vedad el compadrito que también, con variaciones, fue uno de los tipos de ese barrio, pertenece a la historia del sainete.

Hay caserones ruinosos, pero en cuyo patio profundo subsiste todavía, junto al pozo abandonado la palmera secular o la Santa Rita recia.

Hay balcones con enrejados de los que ya no se fabrican, ingenuos en sus adornos de primor popular. Los fines de semana sus calles se desbordan de puestos y turistas de todo el mundo.

San Telmo está íntimamente ligado con el recuerdo de la época de Rosas. Hasta las vísperas del centenario eran famosos sus candombes y famosas sus fiestas populares, donde los negros descendientes de aquellos que amaron a Manuelita ponían su nota de color… y resonaba el tamboril hasta altas horas de la noche, mientras en los boliches corría la caña brava y el naipe manoseado en los trucos, inspiraba refranes floridos a los contrincantes.

Lo que era habitual en el tiempo de la Mazorca quedó luego reducido a los carnavales que, por ese lado gozaban de justa celebridad. Los negros candomberos llevaban sus danzas y sus gritos salvadores a las calles del centro, asustando a los niños.

San Telmo, escenario cruel de la fiebre amarilla en 1871 que fuera inmortalizada por Juan Manuel Blanes, a su modo, un reportero de su tiempo.

Hace muchos años el agua del Plata, llegaba a lamer o castigar las orillas del barrio. Luego se fue ganando terreno al río, y ahora, de la vieja parroquia predilecta de las  guitarras y los puñales del rosismo, como hemos dicho, sólo algunos rincones que, con ayuda de la imaginación, nos harían revivir escenas que no hemos vivido.

Rincones de sombra y luz, recatados o esquineros; muros descascarados, donde a veces asoma el decoro de las madreselvas; escaleras de caracol en las terrazas inverosímiles; la jaula del canario cantor; la intimidad del patio vista desde la calle a través de los hondos corredores. Ubicado en alguno de sus bares, en una vieja mesa de madera junto a la ventana, dejamos pasar el tiempo, mientras nuestra mente imagina todo lo que no ve…