La Voz del Pueblo festeja sus 114 años

Tres Arroyos vie 18 de Agosto de 2017

   TOMAS ABRAHAM

“De Macri espero firmeza, pero no creo que despierte pasiones”

     
2016-04-03 Por Diego M. Jiménez

"La aldea local" (Buenos Aires, EUDEBA, 1997) fue el primer libro que leí de él. Me atrajo la tapa, de un verde fosforescente que resaltaba en la biblioteca de mi padre. Luego, sus páginas, llenas de interpretaciones de la época, curiosas, inteligentes y escasamente indulgentes, me introdujeron en el mundo de un pensador singular. Lejos de las camarillas y cerca de la realidad, este escritor, dentro de la mejor tradición intelectual de occidente, se propone evitar la distracción de la superficialidad para compartir con sus alumnos, lectores y espectadores de sus intervenciones mediáticas, su cosmovisión del presente y su trabajo creativo, que va desde el ensayo a la novela, y desde el periodismo hasta el análisis político.

"Hacedor" con pluma y  pensamiento, el divulgador de la obra de Michael Foucault en nuestro país, conversó con La Voz del Pueblo, sobre el país, profesión y acerca del modo de entender su tarea.

 

- Los intelectuales a su modo, directo o indirecto, intervienen en la vida pública de la comunidad en la cual residen. En su caso particular, ¿qué lo motiva a participar en el debate público?

- Todos los filósofos han pensado su tiempo, ya sea en el dominio de las ciencias, de la política, o de las costumbres. Lo hizo Platón, Spinoza o Foucault. Me remito a mi tradición, a la filosófica. Nuestra labor no consiste sólo en estudiar a quienes nos precedieron o a los contemporáneos de otras latitudes.

No podemos saltearnos el presente y la actualidad, debemos arriesgarnos a pensarlos para no ser ingenuos. Las vistas panorámicas y los tiempos abarcativos, hablar de milenios, vidas líquidas, vidas desnudas, sociedades del cansancio, o cualquier otro logo editorial, nos convierten en malos profetas y peores diagnosticadores.

Esto no impone deber alguno; no se trata de filosofía nacional ni de compromiso social, ni de ningún mandamiento del catecismo progresista o populista. Es una exigencia del trabajo del pensamiento, de lo que llamo la máquina de soplos pensantes, pensar lo que "me" sucede, y este "me" es un desde mí hacia mi contorno.

 

- Pasó en la Argentina reciente, también en otros períodos de nuestra historia y de la historia de otras naciones: muchos intelectuales se agrupan y deciden apoyar, no siempre críticamente, a los gobiernos de turno, ¿cómo tomar distancia, si es esto necesario, para no perder la imprescindible libertad que se requiere para un análisis más profundo de lo que ocurre?

- Un intelectual tiene una ética que tiene que ver con decir lo que piensa y no autocensurarse en nombre de la militancia. No somos estrategas ni militares como para situarnos en campos de batalla en los que nos creemos protagonistas. No somos soldaditos de plomo, ni heraldos de monarcas. Es iluso creer que los que ocupan el poder nos necesitan para elaborar su relato. No tenemos por qué ser los maquilladores de las estrellas del negocio político.

No hay trabajo del pensamiento sin disidencia, y elegir un poder en lugar de otro, nos convierte en funcionarios. No hay nada malo en ser funcionario y responder a quienes ocupan el Estado, o ser parte de una organización política. Pero ya no se ejerce una tarea intelectual de acuerdo a la historia que comienza con Sócrates y que no tiene final.

Yo colaboré unos años con Hermes Binner y nunca dejé de ejercer un rol crítico sin responder a normas de vestuario. Lo hice tanto afuera como adentro. Introduje la necesidad de debatir sin límites y con todos. No resultó, el sectarismo manda. Por eso me fui relativamente rápido.

 

- Se ha hablado mucho de la existencia de "una grieta" artificial o no, pero fogoneada por el gobierno anterior.  En estos primeros meses, se dice lo mismo, a la inversa desde los ahora ex oficialistas. Nadie duda de la existencia de una utilización política de las divisiones, pero ¿en dónde radica esa "fisura"? ¿cuál es su origen y qué tradiciones arrastra?

- La grieta la comenzó el gobierno de Kirchner en dos etapas. La primera se inició con la ESMA al ningunear la lucha de Raúl Alfónsín en los comienzos de la democracia, cuando tuvo que enfrentar a un Ejército activo y armado. Se despreció el juicio a las juntas, y se hizo un demagógico halago de la década del setenta y de una juventud maravillosa. Se frivolizó una época trágica, un Nunca Más que convirtieron en una épica funcional a políticos mediocres.

La segunda etapa fue en el 2008, cuando por el acuerdo entre Néstor y Cristina Kirchner para alternarse en el poder hasta que una reforma constitucional les permitiera gobernar indefinidamente, establecieron una estrategia que necesitaba de los siguientes elementos: dinero, y un enemigo. Las estatizaciones, en especial la de YPF y el Anses, llenaron bolsillos privados y cajas del Estado. Por otra parte, el grupo Clarín y el campo, oficiaron de enemigos, y se los hizo cómplices de la dictadura.

A partir de ese momento pudrieron un ambiente que siguió con la crispación y lo que ahora llaman grieta o fisura. El clima político se armó a la medida del temperamento de la presidenta. Insufrible.

 

- ¿Cómo superar ese estadio político?

- No hay recetas. La historia argentina tiene sus divisiones y una lectura binaria. Unitarios y federales, peronistas antiperonistas, y ahora se quiere reeditar con esta nueva versión degradada. En mi trabajo colectivo, tanto en el Colegio Argentino de Filosofía, en mis cátedras de la UBA, como en El Seminario de los Jueves, lo que menos me interesó es la ideología de mis colegas. No creo en las ideologías, son placebos en los que la gente se mira a sí misma. La gente es troskista a la mañana, reaccionaria al mediodía, machista o feminista en los vernissages.

Desde que las ideologías dejaron de proyectar utopías universales como el comunismo o el liberalismo, o, incluso la socialdemocracia del estado universal de bienestar, lo que hay es un nihilismo en el que se consume por consumir y se produce por producir. Es una maquinaria que se reproduce a sí misma. Por eso las ideologías son máscaras.

Hay valores, sí, hay gente buena y de la otra, pero no son valores que se declaman, sino aquellos que son inmanentes a nuestra conducta. Somos lo que hacemos, estamos hechos de nuestras relaciones concretas con los otros, y no de lo que creemos y en lo que creemos.

 

- Usted ha escrito diversos libros que repasan la vida pública, con una mirada crítica muy severa. Pienso en "La lechuza y el caracol. Contrarrelato político" (2012). ¿Vuelve a ellos en forma posterior?, porque quizá el paso del tiempo modifica sus visiones. ¿O quizá prefiere que perdure esa mirada "impresionista", por denominarla de algún modo, de la realidad?

- Escribí varios libros sobre la Argentina, o que tengan que ver con ella. Los hay de una elaboración meticulosa como "Historia de la Argentina deseada" que recorre un mes de un año de cada una de cuatro décadas, de 1948 a 1988, o "La empresa de vivir", en el que analizo la década del noventa del siglo XX, es decir, los valores empresariales de la cultura del Management. Y varios sobre la coyuntura nacional. "El presente absoluto" toma el período 2003- 2007; "La lechuza y el caracol", los años 2007-2011. Hubo otros antes para analizar desde 1995 al 2002.

 

- ¿Cómo percibe esta nueva etapa política? Es muy rápido sacar conclusiones, es cierto, pero su mirada entrenada puede descubrir cambios y continuidades.

- Será un tiempo difícil. No hay viento de cola, que es lo que impulsó a la economía argentina durante muchos años. Ahora volvemos a enfrentarnos con los problemas de antes. Falta de divisas por déficit comercial, déficit fiscal por gastos muy poco elásticos, difíciles de reducir, peligro de estanflación, primarización de la economía, concentración transnacional, y endeudamiento a un alto costo.

Esta es la situación dejada por el kirchnerismo, pero se le suma una situación internacional en la que hay una recesión brasileña, y un menor crecimiento de la China, nuestros principales socios. 

En una situación así, lo demás será secundario; no creo que haya grandes novedades en la justicia ni en la educación, ni en nada. Pero celebro un cambio de estilo, el otro sacaba lo peor de nosotros.

 

- En una entrevista reciente (Conversaciones en el Diario La Nación) manifestó que el presidente Macri no tenía el estilo de "animal político" (no usó esta expresión, pero interprete eso) de por ejemplo: Néstor Kirchner y, que esa condición en la Argentina, era necesaria porque es un país difícil para gobernar. ¿Se puede gobernar nuestro país con otro estilo más "moderado" en las formas?

- Menem fue un presidente muy popular con su Testa Rossa y las vedettes; Alfonsín gustó a mucha gente por su paternalismo de buena gente; no hay un solo carisma. Macri es un presidente bastante insípido, pero con un poco de glamour de su esposa e hija, y mucha suerte, puede llegar a ser aceptado. Espero de él firmeza, pero no creo que despierte pasiones.

 

- Filosofía, clases particulares, política, una historia de los libros personales ("Historia de una biblioteca", 2010) y por último (al menos por ahora) una novela con pasajes que se interpretan como autobiográficos ("La dificultad", 2015). ¿Cuáles son los otros costados de un pensador prolífico?

- No doy clases particulares, no cobro por mi enseñanza no institucional. El Seminario de los Jueves es gratuito. Soy profesor de la UBA. Estos días sale "Mis héroes (Ensayo sobre la Admiración)", un libro también personal. Lo son todos. Me involucro en lo que escribo. Tomo posición. Me gusta escribir. Creo mi propio ritmo de escritura, corto una oración rápido y salto, me río de mi mismo y mucho de los otros, escribir me hace conversar con grandes autores, los elijo, puedo ser irreverente con cualquiera, uso el sarcasmo, venero y amo con intensidad, quiero ser claro y preciso, desprecio las jergas y a los sabihondos, creo en el trabajo serio, estudio todo el día. No tengo tiempo para leer por todo lo que tengo que estudiar.

Decir filósofo, pensador o artista es ridículo, soy profesor de filosofía y escribo, me gusta lo que respondió Foucault una vez que le preguntaron por su labor: "hago cosas".

 

Una labor académica extensa y valiosa

Tomás Abraham se graduó en Filosofía (Maestría, Vincennes, 1972) y en Sociología (Maestría, Sorbonne, 1972). Fundador y director del CAF (Colegio Argentino de Filosofía). Fue director de la revista La Caja. Autor de "Pensadores Bajos" y "Tensiones filosóficas", entre más de veinte títulos. También es habitual colaborador en varios diarios (Clarín, La Nación, Página 12 y Perfil, por nombrar algunos) y revistas. Profesor de varias universidades del país y del mundo.

Ha recibido también los siguientes premios y distinciones: Finalista en el XXX Premio de Ensayo Editorial Anagrama- Barcelona; Premio a las Letras 2003 de la Asociación de Distribuidores de diarios y revistas-Cholo Pecco; Premio a la obra Centro Cultural Liberarte 2004 ; Premio Konex 2004 al Ensayo Filosófico por la obra realizada en el período 1993-2003; Premio Vocación de Oro 2009- Fundación del Libro y el Consejo de Rectores de Universidades Nacionales; Premio Perfil por la mejor columna en la sección ideas ("La banalidad de lo excepcional" )-2009; Diploma de Honor en reconocimiento a la labor académica realizada durante 25 años por la Universidad de Buenos Aires y el Ciclo Básico Común, entre muchos otros.